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UN TALLER DE VERANO NO ES UN TALLER DE VERANO

 Desarrollar un taller de teatro «de verano» puede parecer una suerte de salvataje para quienes se quedan en la ciudad en la canícula santafesina( es que en Santa Fe, durante enero, hace mucho calor) pero también puede superar ese ethos estacional y convertirse en la oportunidad de crear a partir de la magia del momento.

Veamos, el año acaba de terminar y se esperan ciertos parámetros organizacionales para «dar por comenzado el otro». Sí, claro que ha comenzado pero que las clases, que los balances, que la ausencia de las personas por viajes, que el calor… 

En la zona litoraleña argentina existen muchos mitos acerca de «la hora de la siesta»: esa hora silenciosa y solitaria, azotada por un sol incandescente que da rienda suelta a los duendes, los demonios del río y del monte, las leyendas de miedo en donde uno debe quedarse a dormir para no perecer ante las alimañas fantásticas que pululan en el exterior. También es la hora de la telenovela, la hora mágica en que todo parece posible. 

El enero santafesino se parece mucho a la hora de la siesta. Es como la siesta del año. La prohibición se vuelve tentadora y entonces nos arrojamos al aquelarre con los duendes y a tentar la suerte para descubrir el misterio.

El juego a la hora de la siesta es el Summertime en donde podemos crear personajes. Por eso, un taller de verano no es un taller de verano: es una invitación al juego más allá de lo comprensible para hacerlo posible.

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